La Danza de Todolella. Memoria, historia y usos políticos de la danza de espadas. (2011). Valencia: Instituto Valenciano de la Música. (515 páginas).

CONTENIDO

Agradecimientos 11
Entrada 15
1. Recordando el pasado imperfecto 21

1.1. Manuel Membrado Llop, Arabogas : «La soledad es muy triste, ¡xa …!» 22
1.2. Rafael Prats: «De segar de Los Monegros…» 29
1.3. José M. Armengot: «¡Ya ve cómo era la vida!» 31
1.4. Herminia Heras Pérez: «Y ahora la gente hemos abierto los ojos…» 34
1.5. Emilio Bayot Aguilar y Miguel Armengot Beana : «¡Las mujeres sufrían mucho!» 35
1.6. Rogelio Sorribes Soler y Adoración Miralles Querol: «¡A la fuente!» 46
1.7. Miquel Querol Plana, Rei y Ángeles Plana Llop: «…pasábamos mucha hambre y miserias» 49

2. Crónica de la Danza todolellana 63

2.1. «Els juglars que sonaven lo dia de Sant Bertomeu » 65
2.2. «La Danza… ¡Oh, eso es muy viejo!» 69
2.3. «¡A no dejarlas perder!» 70
2.4. «Adiós, San Cristóbal noble…» 74
2.4.1. Rafael Prats Julián: «Dentro de tres días dan la Danza» 75
2.4.2. Santiago Ripollés Sorribes, Totorro : «¡Los ensayos eran una fiesta!» 76
2.4.3. José M. Armengot: «¡Tenemos que hacer una fiesta buena!» 80
2.5. «El tío Cinctorranet trae una estatua más del santo» 86
2.5.1. Ana M. Artola: «Tarareando la música de la Danza, consiguió volverla a remontar» 92
2.5.2. Rafael Prats Julián: «Ganó el primer premio de toda España» 94
2.5.3. José María Armengot: «¡Ya casi no se acordaban!» 96
2.5.4. Miguel Beltrán Sabater, Torreta : «Se hacía por que no se perdiera y…¡en paz!» 101
2.5.5. Rogelio Sorribes Soler y Adoración Miralles: «¡Había rabia y fuerza!» 104
2.6. Irrumpe la Sección Femenina 107
2.6.1. Amelia Ferrer: «¡Eso es per a homes! » 108
2.6.2. De la «Dansa de Todolella » a «Les Danses guerreres de La Todolella » 112
2.6.3. Habla Joan Prades 118
2.6.4. Vicent Sorribes: «Herencia de la Sección Femenina» 121
2.7. La Danza rejuvenece 127
2.7.1. José M. Prats, Miñó , Enrique García Milián, Ferré , y Miguel Armengot Carceller, Armens : «La Danza estaba muy mal vista» 128
2.7.2. Miguel Ángel Beltrán Llob, Torreta : «Antes había muchas ganas de aprender la Danza» 139
2.7.3. Santiago Armengot Heras: «¡Xa, Rubio, tú tens que tocar la dansa! » 140
2.8. Una nueva época para la Danza 141
2.8.1. Vicent Sorribes: «¿Cómo nos van a quitar esto?» 145
2.8.2. Xarrada sobre la Danza 149
2.8.3. Santiago Armengot Heras, Rubio :« Perderse la Danza, ¡eso no puede ser!» 156
2.8.4. Hacia una formación duradera 162
2.8.5. Vicent Sorribes: «Nuevos aires para la Danza» 162

3. Historia de la «honrosa danza de espadas» en España 179

3.1. Introducción 179
3.2. «… bailaron muy gentilmente haciendo chocar sus espadas» 188
3.3. «Este género de danza es muy antiguo en Europa» 191
3.4. «… una dança de 8 hombres a lo valenciano» 198
3.5. «… ni tiene mujeres esta danza, ni otra cosa que pueda hacerla menos digna de la iglesia» 204
3.6. «La honrosa danza de espadas» 222
3.7. Siglo XIX : La DE ausente 231
3.8. Nacionalismos «periféricos» y DE 235
3.8.1. En el País Vasco 235
3.8.2. En Galicia y Cantabria 244
3.8.3. La DE en las regiones castellanohablantes 248
3.9. Política de la diversidad, cambios y vigencia 254
3.10. Nace una DE 263
3.11. Conclusiones 267

4. Breve historia de la danza de espadas en Europa 271

4.1. Introducción 271
4.2. Trayectoria histórica y difusión geográfica 272
4.3. Vigencia de la DE desde la segunda guerra mundial 291
4.4. Contexto social 296
4.4.1 Ocasiones 301
4.4.2 Requisitos: espadas, música y atuendo 303
4.4.3. Formaciones y danzantes 307
4.4.4. DE y teatro popular 309
4.5. Figuras coreográficas 314
4.6. Mitos e historia de los orígenes 320
4.6.1. Supervivencias prehistóricas en la DE 320
4.6.2. Origen germano de la DE 333
4.6.3. Invasiones bárbaras, arte ornamental y DE 337
4.6.4. Una ancestral costumbre goda: la elevación del Rey sobre un escudo 339
4.6.5. Emergencia de la DE en los gremios alemanes medievales 342
4.6.6. Las danzas guerreras de la Antigu¨edad 344
4.7. Genealogía y usos políticos de la DE 352
4.8. “Nazionalización” de la DE 353
4.9. Figuras, significados míticos y supervivencias 360
4.10. Conclusiones 365

5. Intermedio: las danzas de paloteo 369

5.1. Rasgos generales 369
5.2. Trayectoria histórica y difusión geográfica 372
5.3. Recuperación y vigencia 382
5.4. Formación y organización social de los grupos 385
5.5. Requisitos: atuendos, herramientas, músicas 387
5.6. Observaciones sobre la coreografía del paloteo 390
5.7. Orígenes y significados 392

6. Memoria y modernización 397

6.1. Memoria 397
6.1.1. La Danza rememorada 400
6.1.2. La Danza recordada 401
6.1.3. La Danza olvidada 403
6.1.4. Memoria e historia de la Danza 406
6.1.5. Memoria, lugar e identidad 409
6.2. Modernidad, tradición, ritual 413
6.2.1. Modernización 421
6.2.2. Separación del tiempo y el espacio 422
6.2.3. Liberación de los contextos de presencia 424
6.2.4. Vaciamiento del contenido ritual e identitario 425
6.2.5. Apropiación descontextualizada 426
6.2.6. Reflexividad 429

Despedida 435
Anexos 437

1. Primera página del manuscrito de La pastorada (1772) 437
2. Danzas típicas (1929). Transcripción de José Ripollés Climent, Piou 438
3. Mochiganga. Danza de Todolella. Rafael Prats Julián (ca. 1944) 439
4. Intérpretes veteranos de la Danza (1943-1986) 442
5. Factura de trajes para la Danza (1978) 447
6. «“Les danses guerreres de Todolella”, patrimonio histórico cultural» (diario Mediterráneo, Castellón, 15 de marzo de 1989) 448
7. Relación de las ejecuciones entre los años 1985 y 2010 (Vicent Sorribes) 449
8. Actuaciones de los danzantes entre los años 1985 y 2010 469

Referencias bibliográficas 479
Índice onomástico-temático
Este libro viene acompañado del DVD La Danza de Todolella. Danzas de espadas y palos

 

Entrada

Oculto entre las sierras del Maestrazgo castellonense se encuentra el pueblo de Todolella, de cuyo nombre quizás sólo sus habitantes se acordarían si no fuera por su castillo y, sobre todo, por su Danza.

Aunque los todolellanos lleven el evento bien inscrito en su memoria, vale la pena recordarlo. Cada año, en torno a la fiesta de San Bartolomé, el 24 de agosto, a las seis en punto de la tarde, ocho danzantes acompañados por, al menos, dos músicos (dolçainer y tabaleter) se reúnen en el ayuntamiento para ponerse el atuendo propio de la ejecución de la Danza. El toque de la Pujà i baixà de la vila señala el comienzo del desplazamiento de la comunidad hacia la iglesia. Al frente marchan músicos y danzantes seguidos por el alcalde, los concejales, y, por último, algunos miembros de la comunidad. Todos se dirigen a la iglesia, de donde retiran sobre peanas las imágenes de San Bartolomé, patrono del pueblo, y de San Redento. Se inicia la procesión encabezada por la bandera; detrás de ella van els doiçainers ejecutando el Toc de processó, seguidos por las filas de hombres portando cirios encendidos. Los guiones y los danzantes preceden imágenes de ambos santos; detrás, marchan el clero y las autoridades. Como de costumbre, las mujeres cierran el cortejo, cantando. No obstante, en vez de dirigirse directamente a la plaza Mayor, el cortejo recorre —y así, simbólicamente santifica— las callejuelas principales del pueblo. Llegados frente a la plaza, las peanas con las estatuas de los santos se depositan, algo desplazadas hacia la derecha con respecto al dau (o planet) reservado para los danzantes. Frente de ellos se ubican los músicos, mientras las autoridades se colocan bajo el cobertizo del ayuntamiento, a la izquierda de los danzantes, en torno a los cuales las gentes del pueblo y algunos forasteros van congregándose en un círculo amplio. Entretanto, los danzantes han ido ocupando sus puestos en el dau y están listos para iniciar la Danza. En la actualidad la representación comporta doce ballets, de los cuales el último —el Torn— constituye una verdadera danza de espadas (DE): con sus caracoles y puentes; tampoco faltan la degollada, la resurrección y la elevación del Cap de Dança. Al término de la representación de la Danza, resuena nuevamente el toc de processó que marca el regreso del cortejo al placet de l’església. Depositadas ya las imágenes de los santos en su sitio habitual, termina la procesión. Nuevamente al son de la Pujà i baixà de la vila, danzantes , autoridades y comunidad participante inician la vuelta a la plaza Mayor, donde termina la ceremonia. Entonces la gente intercambia comentarios de circunstancia, particularmente con danzantes y músicos. “¿Nos vemos el año que viene?” Las mujeres van regresando a sus casas, mientras los hombres prefieren encaminarse al único bar del pueblo. En la plaza, donde sólo quedan algunos niños jugando, flota un tenue olor a hachas, mientras en los cerros vecinos siguen resonando aún los ecos mezclados de dulzaina, tamboril, campanas y voces… Allí seguirán resonando durante un año entero, como si el tiempo se hubiera detenido. También la vida en el pueblo se detendrá un año más en el triste silencio de la rutina…(¡bienvenidos a la cotidianidad!), a la espera de que las voces de los todolellanos, y el redoble de las campanas, el sonido del tabalet y de la dolçaina, se animen nuevamente, con inexorable regularidad, para homenajear al santo en las próximas fiestas patronales. El ciclo se ha cerrado en un círculo perfecto. Ocurrió hace un momento. La memoria de las fiestas patronales pasadas —de todas las fiestas patronales pasadas— se confunde con los sonidos de las fiestas de este año, cuya procesión ritual acaba de terminar…

Marcada por un contrapunto de olvidos y rememoraciones, ausencias y presencias, la Danza ha ido articulando la vida de los todolellanos hasta convertirse en símbolo de su identificación como comunidad. Este proceso se ha llevado a cabo en las circunstancias adversas y contradictorias que los campesinos del Maestrazgo padecieron durante buena parte del siglo XX. Por un lado, la pobreza y el hambre, producto de las inclemencias de la guerra civil española, obligaron a los campesinos a dedicar su tiempo a las tareas básicas de la subsistencia, en sus propios pueblos, o tras haber emigrado. Por otro, el desarrollo del turismo, a partir de la década de los sesenta, provocó un proceso de secularización de las danzas procesionales. La mayor parte de los danzantes se marcharon a vivir en Castellón. Hoy regresan a Todolella en las vacaciones y, sobre todo, para ejecutar la Danza en las fiestas patronales, una ocasión religiosa convertida ahora en atracción turística que se despliega ante ojos extraños. El resto de sus actuaciones son espectáculos desvinculados del pueblo y de su origen ritual. No obstante, la modernización —que ha ido cambiando la forma de vida de todos los pueblos del Maestrazgo desde la segunda mitad del siglo XX—, lejos de condenar la Danza a una amnesia progresiva, ha contribuido a consolidar su tradición. ¡Un pasado de olvidos ha sido prólogo de un presente memorioso!

La idea de redactar este libro surgió hace casi dos décadas en la xarrada sobre la Danza que tuvo lugar el 18 de agosto de 1992 en el Hogar del Jubilado de Todolella con motivo del 750 Aniversario de la Donación de la Carta Pobla. En dicha reunión se proyectaron antiguas fotos de la Danza con la intención de que los asistentes — todolellanos y turistas vinculados a ellos por lazos familiares— rememoraran tiempos pasados e identificaran a los danzantes de entonces. El resultado de las identificaciones y fragmentos de aquel diálogo han sido incorporados a este trabajo.

Las páginas que siguen se ocupan de la Danza todolellana desde su trayectoria histórica tanto escrita como oral, y de sus relaciones con danzas del mismo tipo, especialmente con la DE, en otros lugares de España y Europa. Hablamos, pues, de la Danza vista de cerca para comprender mejor la larga tradición coreográfica que le subyace, vista de lejos por los historiadores, y viceversa. El propósito general es rescatar del olvido aspectos de la experiencia presente de una danza tenaz, la DE, cuya historia remonta al siglo XV. A ello se añade una interpretación teórica de los testimonios orales y documentos históricos que sirven de conclusión al estudio. No obstante, el núcleo del trabajo se halla constituido por las voces de quienes en calidad de danzantes, músicos o vecinos de Todolella y amigos han protagonizado, promovido y sostenido la Danza. En lugar de hablar por ellos, parece más justo invitarlos a que hablen ellos mismos. Los todolellanos no son “afónicos.” Tienen voz propia y no necesitan ser representados.

Tampoco han necesitado de la escritura para narrar su Danza: su escritura genuina ha sido la Danza misma en algunas de cuyas mudanzas se han inscrito antiguos mitos y memorias que identifican la comunidad. Debemos añadir que, a medida que el interés de los protagonistas aumentaba, la concepción del libro fue cambiando.

Desde la idea de una etnografía tradicional fue derivando a una especie de ornitorrinco de difícil clasificación: a las entrevistas transcritas se sumaron crónicas, historia oral, historia escrita, reflexión teórica y, por cierto, una galería de fotos que pudo haber proliferado sin control, si la razón presupuestaria no hubiera intervenido.

Los todolellanos son, por lo tanto, los verdaderos autores de estas páginas, cuyo primer objetivo es documentar la trayectoria histórica de la Danza a partir de las propias voces de sus protagonistas. No es, pues, un libro concebido en primer lugar para satisfacer propósitos académicos. Su finalidad principal es que los vecinos de Todolella se reconozcan en la Danza desde sus palabras como actores de la tradición. Más que un texto sobre la Danza de Todolella, es la autorrepresentación del pueblo en una de sus actividades socioculturales más significantes. Idealmente, su lectura quisiera hacer resonar aún el eco de las voces efímeras de quienes contaron, rememorándola, su experiencia de la Danza. Leer los testimonios escuchando este eco es, ante todo, un placer local y quizás una emoción reservados a los todolellanos, y a sus familiares y amigos que emigraron del pueblo o ya nos dejaron para siempre.

No obstante, la narración de experiencias y recuerdos, además de iluminar vidas que otramente hubieran permanecido en las sombras del anonimato, y vicisitudes de la Danza condenadas a la fragilidad de la memoria, posee un interés histórico que sólo puede satisfacerse con el pasaje de la historia oral a la historia escrita. La historia escrita de la Danza es más larga que su memoria oral. Implica una investigación histórica y problemas teóricos que, si bien pueden carecer de interés inmediato para quien tiene que levantarse todos los días al alba para realizar sus tareas agrícolas, esclarecen dimensiones insospechadas de la Danza, tales como sus relaciones con la tradición más vasta de las danzas particulares que la componen: las de castañuelas, de escudos, de palos y de espadas; con ritos y creencias primitivas; con la dialéctica entre recuerdo y olvido, tradición y modernidad; en fin, con la ejecución ritual y representación de la identidad cultural del pueblo.

Salvo omisión involuntaria, la transcripción de cada una de las entrevistas ha sido aprobada por los entrevistados. Del mismo modo la primera versión de algunos capítulos se dejó en alguna ocasión en el bar del pueblo para su revisión por los vecinos interesados en el proyecto. Uno de ellos fue don Miguel Beltrán, Torreta (“¿se acuerda usted, don Miguel?”). Al verme llegar un día al pueblo me dijo: “Ramón, si usted publica lo que escribe allí, ¡pensarán que somos unos salvajes!…” A buen entendedor, pocas palabras: el texto se modificó debidamente.

Aparte de apelar a la tradición oral para sacar a luz el devenir de la Danza en los últimos cien años, este libro intenta ser una síntesis divulgadora de lo que los documentos escritos nos han dejado sobre la DE y de palos en la península Ibérica y otra parte de Europa. En particular, hemos tratado de identificar los rasgos generales que confieren a la Danza todolellana un aire de familia con danzas de espadas en otros lugares de España y Europa. Cada vez que los danzantes ejecutan la Danza se hermanan inconscientemente con otros pueblos que también desde tiempos remotos han practicado este tipo de danzas.

El libro tiene principio, medio y fin, aunque no siempre este orden. Su concepción responde a un modo de escritura en que las voces habladas de los testigos se imbrican, sin perder su identidad, en un texto que, por efecto de la transcripción en palabra escrita, transforma su transitoriedad original en permanencia y su singularidad en ocasión para que el lector pueda elegir el fragmento que quiera leer, según su interés. Aunque la mezcla de voces y registros pueda parecer algo caótica —¡como en un restaurante de pueblo después del segundo vaso de vino!—, el libro suelta las palabras que ellas ya se buscarán las ramas. El lector es, pues, libre de elegir el itinerario de su lectura, sin peligro de que este desfase con la linealidad del texto le produzca daños psíquicos…

Este trabajo es, ante todo, una invitación a la memoria de la Danza —una memoria que los todolellanos han sabido rescatar obstinadamente del olvido. Espera de la memoria, el olvido, que es su sombra, es también, como el silencio, espera y sombra del sonido. Toda vez que la Danza había sido olvidada, su olvido fue memoria latente, potencialidad de actualización de la memoria en la sonoridad viva de las palabras.

La Danza todolellana es metáfora del sueño de ser únicos proyectado en la simultaneidad de las generaciones que conviven gracias a la memoria oral. A través de sus antiguos danzantes, los todolellanos pueden estar unidos, en el recuerdo, con las generaciones que les precedieron y que les seguirán. Si han persistido en preservar su Danza del olvido es porque han querido rescatarse a sí mismos de la amnesia. Así esculpieron un emblema de su identidad en las figuras de una Danza, cuyos rastros se pierden en las brumas del mito y cuya luz espeja la esperanza de una imposible permanencia, en la que sólo una cosa no habrá: el olvido.

Este libro es, de alguna manera, una modesta contribución a la futura memoria de la Danza…

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